La Isla del Sol, en el Lago Titicaca
- Sandra A.

- 21 nov 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 22 nov 2020
El Lago Titicaca, como sí de un mar se tratase...

Ubicado entre las fronteras de Perú y Bolivia, el Titicaca es famoso por ser el lago navegable situado a más altitud del mundo. En él conviven varias comunidades indígenas. Es un lugar tan asombroso, que merece la pena visitarlo si andes de viaje por uno de estos países.
Después de haber conocido la parte peruana del lago, cuando en 2019 decidí visitar Bolivia, tenía muy claro que quería poner de nuevo mis pies en el lago, pero esta vez en la Isla del Sol.

Para llegar a la Isla del Sol desde la Paz tienes que tomar un bus en dirección Copacabana. Durante las casi tres horas del trayecto verás los más bellos paisajes del altiplano. Pero, quizás lo más sorprendente es atravesar el Estrecho de Tiquina. Para cruzar este estrecho canal debes bajar del bus y tomar un bote hacia el otro lado, mientras que el bus será transportado en una gran barcaza.

Cuando llegas a Copacabana, lo siguiente es comprar el billete en barco hacía la Isla del Sol. Como nosotros teníamos algo de tiempo antes de tomar el bote, decidimos recorrer las calles de la ciudad y visitar la Basílica de Nuestra Señora de Copacabana. Además, ese día estábamos de suerte porque estaban festejando el carnaval y pudimos disfrutar de ese ambiente festivo en sus calles.
A la hora de tomar el bote a la Isla del Sol, nos tocó ir sentados en la parte de arriba. Soplaba el viento y hacía un poco de frio, pero desde luego las vistas eran inmejorables.

Tras dos horas de trayecto llegamos a la parte sur de la Isla del Sol, donde vive la comunidad Yumani. Nada más bajar del barco, hay que abonar una pequeña tasa en concepto de derecho de admisión a la comunidad.

Para llegar hasta nuestro alojamiento tuvimos que subir las famosas escaleras del Inca, que cuentan con unos 200 escalones aproximadamente. Hay que subirlas para llegar al pueblo en sí, puesto que es aquí donde se concentran la mayoría de hostales. Suerte que yo llevaba una mochila pequeña.

Paseamos por las calles de la pequeña comunidad y pudimos constatar, que al igual que en Copacabana, sus habitantes también estaban festejando el carnaval.

Una de las cosas que teníamos pensado hacer en la Isla del Sol era ver el atardecer desde el mirador Palla Khasa, el punto más alto de la isla, pero tuvimos que descartar esa idea a causa del soroche, y al final optamos por tomar un mate en una de las terrazas de un pequeño restaurante y ver el atardecer desde ahí.
Cuando llegó la noche, el pequeño pueblo se sumió en la más absoluta oscuridad. Nos ocurrió que poco después de cenar, cuando íbamos de vuelta al hostal, empezaron a caer las primeras gotas de lluvia.
Llovió durante toda la noche pero con suerte, poco antes del amanecer la tormenta se disipó, y comenzaron a aparecer los primeros rayos de sol en el cielo, brindándonos el mejor de los amaneceres.
Más tarde, en la mañana, decidimos visitar el templo del Sol, otra de las atracciones turísticas situada en el extremo sur de la isla.
Durante el camino puedes disfrutar de las mejores vistas del pueblo, y las formidables vistas del lago. Es increíble el solo hecho de pensar que te encuentras en un lago a 3800 m.s.n.m.
Una de las cosas que no podía faltar en nuestra estancia en la Isla del Sol era comer trucha. Para mí, estar en este lugar y comer otra cosa hubiera sido delito.

Lo mejor de todo lo fue que, en el restaurante del hostal donde estábamos comiendo conocimos a Eliana, una niña que vive en el lago, de unos 5-6 años que al principio se mostraba tímida y poco habladora y de la que al final nos acabamos haciendo su amiga.
Cuando nos despedimos de ella nos dio tanta pena, como despedirnos una vez más del lago.
Nuestra estancia en el Isla del Sol fue un poco breve. En realidad, teníamos intención era recorrer la Isla del Sol de norte a sur, y visitar las tres comunidades que viven en la isla, pero debido a los conflictos existentes entre las comunidades del centro y del norte, había un bloqueo al turismo y solo pudimos visitar la parte sur.
En cualquier caso, la Isla del Sol es un lugar increíble. Es un lugar para relajarte, para admirar el paisaje que tienes ante ti, para saber hacerte una idea de cómo es la vida en el lago, y sobre todo, un lugar para vivir sensaciones.















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